No es posible la compasión con quien no la tiene, de ninguna de las
maneras, los delitos de al-Mabhuh debían tener límite. Había que
ponérselo y Mahmud al-Mabhuh creía que sus días no estaban contados ni
sus fechorías perseguidas aunque vivía en la falsa convicción de que
estaba a salvo entre los suyos.
La hipocresía de nuestras sociedades hace posible que otro ejemplar
destinado al estercolero de la historia como el agresor del profesor
Neira, al que propinó una tremenda paliza y tras 17 meses de prisión y
10.000 euros, hoy se va de rositas en esta España de nuestras
desgracias saliendo de la cárcel por la puerta grande, la que la
propia justicia española le ha abierto. ¿Es de recibo? ¿No es
indignante también?
Por lo tanto lo mejor que le ha podido suceder a esa rata escondida en
Dubai donde creía estar a salvo, es pasar a la historia. Ni lágrima,
ni llanto.
Eso mismo debió suceder en 1933 cuando Hitler ascendió al poder en
Alemania. Nadie hizo nada y así terminó todo.
Anda por ahí un sujeto, Ahmadineyad en Irán, que cada semana eyecta su
propia miseria en forma de amenaza contra todo un país, Israel, que
como democracia en la zona, molesta e incomoda, por su evidente
condición de sociedad en permanente progreso, modernidad, respeto por
la legalidad internacional, que no permitirá nunca a ese sujeto
salirse con la suya y si las naciones occidentales no hacen su tarea,
ese país lo hará, y pelotas no le faltan para eso.
Impunidad cero.
Con lo que sea y como sea, pero duro con ellos siempre.
Por duro que resulte la comparación, eliminar la enfermedad es poner
límite al contagio del resto del cuerpo.